¿Antropología olvidada?

Hemos aprendido mucho, en los últimos 4 siglos, sobre la constitución y las propiedades de la materia. Durante las últimas décadas esos conocimientos se han aplicado de una manera increíble, dando paso a una evolución tecnológica que no para ni un solo día. A través de la Física y la Química hemos logrado conocer y dominar casi todo lo que existe en la Tierra; excepto a nosotros mismos.

Muchas preguntas que verdaderamente intrigan al hombre quedan aún sin respuesta. La ciencia de la persona humana no ha hecho grandes progresos por varias razones, según el Premio Nobel de Medicina Alexis Carrel se debe al modo de existencia de nuestros antepasados (pues su única meta era sobrevivir), a la complejidad de nuestra naturaleza y a la estructura de nuestra mente (que se deleita en simplicidades y le agobia lo complejo).

Estos tres obstáculos son los que no han dejado avanzar. Pero tendrán que ser vencidos a costa de un tenaz esfuerzo; ya que si no pensamos en nosotros mismos no podremos hacer frente al paradigma tecnocrático que impera actualmente y que no satisface las necesidades más apremiantes de todas las personas.

La vivienda, las comunicaciones, los modos de producción, las relaciones interpersonales e internacionales, el modo de vida han cambiado profundamente a partir de la Revolución Industrial. Se ha disminuido la intensidad y la duración el esfuerzo humano. La seguridad, la educación, el trabajo, las finanzas, la salud, la alimentación también han sido modificados. Pero, ¿cómo ha afectado al hombre la sustitución de un modo de vida natural, por un artificial?

Es difícil saberlo. Cada ser vivo depende del ambiente que le rodea y se adapta a las modificaciones. Es evidente que los hombres han acogido con agrado la civilización moderna. Pero los resultados del cambio son paradójicos.

A mayor facilidad laboral, hay más inquietud sobre el futuro. A mayor estatura y fuerza muscular, hay menor resistencia a la fatiga. A menos enfermedades infecciosas, hay más enfermedades mentales. A mayor riqueza, hay más desigualdad. A mayor inversión en educación, el nivel intelectual permanece igual o disminuye. A mayor libertad, hay más desastres familiares y sociales. A políticas de control de natalidad (anticoncepción, aborto, homosexualismo), llegará la ¿desaparición de la raza humana?

Estos cambios son perjudiciales porque la civilización moderna no está hecha a nuestra medida. Ha sido constituida sobre pocos o nulos conocimientos de nuestra verdadera naturaleza. La organización y diseño de ciudades, industrias, escuelas, gobiernos, productos, anuncios no han tenido en cuenta a la persona humana. ¿O sí?

¡El paradigma tecnocrático rodea al hombre, pero no se ajusta a él, porque ha sido construido sin tenerlo en cuenta!

El único remedio a este mal es el conocimiento más profundo de nosotros mismos. Así aprenderemos a adaptarnos al ambiente, a defendernos de él y a modificarlo en el caso de que fuera indispensable una revolución.

Sin embargo, poseemos tantos conocimientos del ser humano, que su misma inmensidad nos impide usarlos adecuadamente. Para que sean útiles, se debe consolidar una síntesis que tenga en cuenta la totalidad del ser humano. Sin reducirlo, ni dividirlo. Contemplarlo como un todo. Y para vislumbrar sus múltiples dimensiones, se necesitará recurrir a las diferentes ciencias:

  • Ciencias Naturales: aspecto físico-químico, anatómico, fisiológico.
  • Ciencias Sociales: aspecto histórico, cultural, económico, sociológico, político.
  • Filosofía: la naturaleza y condición humana: razón y voluntad.
  • Teología: la persona humana como ser creado, ser pecador y ser redimido.

Un proyecto bastante difícil. Pero, ante la magnitud de tal empresa, hay que comprender que más vale un intento (aunque sea torpe y en parte un fracaso) que ni siquiera intentarlo.

Si queremos seguir existiendo debemos volver a poner en el centro a la persona humana, de ahí la importancia fundamental del desarrollo de una ciencia que la estudie a fondo y proponga soluciones prácticas a los problemas que más la aquejan. Esta ciencia es la Antropología.

Referencias:

Carrell, Alexis (1935). La incógnita del hombre

Mexicano, universitario y emprendedor que está en búsqueda de soluciones que, poco a poco, puedan mejorar el mundo. En mi blog comparto reflexiones, críticas y propuestas de lo que leo, veo y escucho.

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