Humanismo Integral – Jaques Maritain

Humanismo integral – Jacques Maritain

  1. Introducción: Heroísmo y Humanismo
    1. Noción general del humanismo
    2. ¿Puede haber un humanismo heroico?
    3. El humanismo occidental y la religión
  2. La tragedia del humanismo
    1. La cristiandad medieval
    2. El humanismo clásico y el doble problema del hombre y la libertad
    3. El humanismo clásico y la actitud práctica de la criatura frente a su destino
    4. La dialéctica del humanismo antropocéntrico
  3. Un nuevo humanismo
    1. Las raíces del ateísmo soviético

El mundo cristiano es cosa distinta del cristianismo. La palabra cristianismo, como la palabra Iglesia, tienen una significación religiosa y espiritual, designa una fe y una vida sobrenatural. Por las palabras mundo cristiano, entendemos un cosa temporal y terrestre, que se refiere al orden, no de la religión misma, sino de la civilización y la cultura. Es un cierto conjunto de formaciones culturales, políticas y económicas, características de una época dada en la historia y cuyo espíritu típico se debe principalmente a los conjuntos sociales.

La tarea temporal del mundo cristiano es trabajar aquí abajo en una realización social-temporal de las verdades evangélicas, pues si el Evangelio no concierne ante todo a las cosas de la vida eterna y trasciende infinitamente toda sociología y de toda filosofía, nos da -no obstante- las reglas soberanas de conducta de nuestra vida y nos traza nuestra conducta aquí abajo, al que toda civilización cristiana, si quiere merecer este nombre, debe tratar de conformar la realidad social-temporal, según diversas condiciones de la historia.

Una realización social temporal de las verdades evangélicas…. ¿No parece irrisoria la expresión? Cuando se medita sobre esas cosas uno se inclina a afirmar que el mundo cristiano de los tiempos modernos ha faltado al deber de que acabamos de hablar. De manera general, ha encerrado la verdad y la vida en una parte limitada de su existencia: en las cosas de culto y de la religión y en las cosas de la vida interior. Las de la vida social, económica y política, las han abandonado a su propia ley carnal.

El cristiano jamás estará a la altura del cristianismo y siempre tenderá al reposo prematuro. La debilidad humana trata de dormir, tomando por almohada las verdades eternas. Si una comunión dolorosa con todos los dolientes y desheredados no le mantiene despierto, el cristiano se expone a dormir sobre el amor mismo que ha recibido.

Pero el auténtico cristiano tiene horror al pesimismo de la inercia. Para el bien como para el mal, un humanismo realmente cristiano, en ningún momento de su evolución, inmoviliza al hombre; sobre que no sólo en su ser social, sino en su ser interior y espiritual, el hombre no es aún más que un esbozo nocturno de sí mismo; y antes de alcanzar su figura definitiva -después del tiempo- habrá de pasar por no pocas modas y renovaciones. Pues hay una naturaleza humana inmutable como tal, pero es precisamente una naturaleza en movimiento, la naturaleza de un ser carne hecho a imagen de Dios, es decir, asombrosamente progresivo en el bien y en el mal.

Cierto que el hombre habrá de afrontar siempre el mal y la desgracia, pero bajo formar nuevas y revelando en ellas nuevas profundidades pues la muerte misma cambia de rostro con el tiempo. Y el bien y la alegría también revelarán hasta el fin profundidades nuevas. Cierto que el corazón del hombre sufrirá siempre de angustia de la bienaventuranza, mas no porque el hombre se halle condenado a estancarse permanentemente aquí abajo en una vida estrecha y miserable, sino porque la vida más amplia y la más abundante será siempre poca cosa, comparada con las dimensiones de su corazón.

Si bien es cierto que las condiciones económicas -como en general, todas las condiciones de orden material- importan fundamentalmente al destino de las actividades espirituales entre los hombres y tienden constantemente a enfeudárselas, formando con ellas el cuerpo común en la historia de la cultura. El cinismo de Marx, como el de Freud, ha revelado desde ese punto de vista no pocas verdades. Mas no tiene sentido alguno el tomar un condicionamiento material, por real que sea, como la razón primeramente determinante -aunque sólo fuera en cuanto a la existencia en la historia- de una actividad espiritual, y aquello que ante todo descubre su significación a la vida humana.

  1. El problema filosófico del ateísmo
  2. La significación cultural del ateísmo ruso
  3. Dos posiciones cristianas
  4. La nueva edad de cultura cristiana

Según el humanismo nuevo que nos ocupa, hay que cambiar al hombre burgués y para ello hay que transformar incluso al hombre mismo. Sí; esto sólo nos importa, en el fondo, es decir, en sentido cristiano: hacer morir al “hombre viejo” y dar paso al “hombre nuevo” que lentamente se forma – en la historia del género humano, como en cada uno de nosotros – hasta la plenitud de nuestra esencia. Más, una transformación tal requiere, por una parte, que sean respetadas las exigencias esenciales de la naturaleza humana y aquella primacía de los valores trascendentes que justamente permiten y preparan una renovación; por otra parte, que se comprenda que un cambio semejante no es obra del hombre solo, sino de Dios, primero y del hombre con él; y que no es efecto de medios extrínsecos y mecánicos, sino de principios vitales e internos.

No obstante, si llega a instaurarse una nueva cristiandad, su carácter distintivo ser´, según creemos que esa transfiguración – por la que el hombre, consintiendo en el cambio y sabiendo que éste se opera por la gracia, trabaja por realizar el hombre nuevo-, deberá alcanzar realmente las estructuras de la vida social de la humanidad.

Una nueva edad de cultura cristiana comprenderá, sin duda, un poco mejor que hasta el presente, cuánto importa en todas partes abrir paso a lo real y substancial, sobre lo aparente y decorativo; comprenderá asimismo que es en vano afirmar la dignidad y la vocación de la persona humana, si no se trabaja en transformar las condiciones que la oprimen y en hacer que pueda dignamente comer su pan.

  1. El cristiano y el mundo
    1. Espiritual y temporal
    2. El problema del reino de Dios
    3. La misión temporal del cristianismo

La misión temporal del cristiano en la transformación del régimen social

Querríamos ahora proponer algunas consideraciones respecto a la misión temporal del cristiano en el trabajo de transformación del régimen social. Advirtamos primero que, en nuestros días se produce un importante proceso de integración, por retorno a un saber teológico y filosófico a la vez; una síntesis vital. Las cosas del dominio político y económico deben, pues, encontrarse conforme a su naturaleza, vinculadas a la ética.

El cristiano se encuentra entregado a lo temporal cada vez más, no en cuanto miembro de la Iglesia, sino en cuanto miembro de la ciudad temporal, consciente de la tarea que le incumbe, de trabajar por la instauración de un nuevo orden temporal en el mundo.

Si es así, en seguida se ve qué problemas se plantearán ante el cristiano, en este orden de ideas.

Necesitará elaborar una filosofía social, política y económica, no limitada tan sólo a los principios universales, sino capaza de descender hasta las realizaciones concretas, lo que supone un vasto y delicado trabajo. (Este trabajo ya ha empezado con las encíclicas de León XIII y Pío XI). Advirtamos que se trata de un trabajo de razón, iluminada por la fe, pero trabajo de razón sobre el cual sería vano esperar un acuerdo unánime en cuanto se dejan principios para descender a las aplicaciones.

Si hay diversidad de escuelas en teología dogmática, habrá fatalmente también diversidad de escuelas en sociología cristiana y política cristiana; y tanto más cuanto se aproxime a lo concreto. Sin embargo, se puede llegar a una doctrina común en cuanto a las verdades más generales, y en lo demás, lo importante es que se desprenda una dirección de conjunto verdaderamente precisa, para un número suficientemente grande de espíritus.

Pero el cristiano consciente de estas cosas deberá abordar la acción social y política, so sólo para poner al servicio de su país las capacidades profesionales que en este aspecto pueda ofrecer, sino también y además, para trabajar por la transformación del orden temporal

Ahora bien, es claro que, siendo lo social-cristiano inseparable de lo espiritual-cristiano, es imposible una transformación vitalmente cristiana del orden temporal se produzca de la misma manera y por los medios que las demás transformaciones y revoluciones temporales. Será en función del heroísmo cristiano.

“La revolución social será moral o no existirá”. Esta célebre frase de Charles Péguy puede ser entendida al revés. “No significa: antes de transformar el régimen social es preciso que todos los hombres se hayan convertido a la virtud. Así comprendida, no sería sino un pretexto farisaico para eludir todo esfuerzo de transformación social. Las revoluciones son obra de un grupo de hombre relativamente poco numerosos que les consagran todas sus fuerzas. Entonces significa: no podéis transformar el régimen social del mundo moderno sino provocando al propio tiempo -y primeramente en vosotros mismo- una revolución de la vida espiritual y de la vida moral, ahondando hasta los fundamentos espirituales y morales de la vida humana.

¿No tendrá que trabajar la santidad cristiana allí mismo donde trabaja el heroísmo particular de la hoz y el martillo, o del fascio, o de la cruz gamada? ¿Acaso no es hora de que la santidad descienda del cielo de lo sagrado a las cosas del mundo profano y la cultura, trabaje en transformar el régimen terrenal de la humanidad y haga obra social y política? Sí, ciertamente, a condición de que siga siendo santidad y no se pierda por el camino. Allí está todo el problema.

Una renovación social vitalmente cristiana será así obra de santidad o no existirá; y me refiero a una santidad vuelta hacia lo temporal, lo secular y lo profano. ¿No ha conocido el mundo jefes de pueblos que han sido santos?

Un estilo nuevo de santidad

No hablamos de un nuevo tipo de santidad; la palabra sería equívoca porque el cristiano reconoce solo un tipo de santidad eternamente manifestado en Cristo. Pero las cambiantes condiciones históricas pueden dar lugar a nuevos estilos de santidad.

  1. El ideal histórico de una nueva cristiandad
    1. Preliminares
    2. La ciudad temporal abstractamente considerada
    3. El ideal histórico de la cristiandad medieval
    4. Disolución y seudomorfosis del ideal medieval en el mundo humanista antropocéntrico
  2. El ideal histórico de una nueva cristiandad (continuación)
    1. El pluralismo
    2. La autonomía de lo temporal
    3. La libertad de las personas
    4. A unidad de la “raza social”
    5. La obra común: una comunidad fraterna por realizar
    6. La actitud temporal de Tomás de Aquino y la filosofía de la cultura
  3. De las probabilidades históricas de una nueva cristiandad
    1. Las dimensiones internas: la espiritualización de lo social
    2. Las dimensiones internas: la reintegración de las masas
    3. Las dimensiones cronológicas
  4. De un porvenir más próximo
    1. De la acción política
    2. Problemas del tiempo
  5. Estructura de la acción

Mexicano, universitario y emprendedor que está en búsqueda de soluciones que, poco a poco, puedan mejorar el mundo. En mi blog comparto reflexiones, críticas y propuestas de lo que leo, veo y escucho.

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