Gobernantes mexicanos

Gobernantes mexicanos

Tomo II: 1911-2000

Coordinador: Will Fowler

  1. Introducción
  2. Francisco I. Madero
  3. Victoriano Hurta
  4. Venustiano Carranza
  5. Adolfo de la Huerta
  6. Álvaro Obregón
  7. Plutarco Elías Calles
  8. Pascual Ortiz Rubio
  9. Lázaro Cárdenas
  10. Manuel Ávila Camacho
  11. Miguel Alemán
  12. Adolfo Ruiz Cortines
  13. Gustavo Díaz Ordaz
  14. José López Portillo
  15. Miguel de la Madrid
  16. Carlos Salinas de Gortari
  17. Ernesto Zedillo
  18. Las mujeres detrás de la silla presidencial mexicana en el siglo XX

  1. Introducción (por Will Flower)
    1. El presidente mexicano: ¿hombre fuerte o servidor de la nación?

Lo interesante que se debe resaltar es la tensión o dialéctica: la paradójica necesidad del pueblo mexicano de tener un Presidente fuerte y un Congreso fuerte al mismo tiempo. Pareciera que los mexicanos quieren evitar el arribo al poder de líderes prepotentes, pero se rebelan contra los que, por acatar órdenes de Congreso, son tildados de débiles.

  1. El presidente en las Constituciones de México
  2. El papel del presidencialismo en México: las propuestas de este libro
  3. Conclusiones: reflexiones inconclusas
  1. Francisco I. Madero (1911-1913) (por Javier Garciadiego)
    1. Introducción
    2. Revolución política
    3. El ámbito social: un trato nuevo
    4. Rebeliones “a diestra y siniestra)
    5. Del cuartelazo al derrumbe

Madero tuvo la capacidad para derrocar a un Díaz envejecido, pero no para construir nuevo gobierno.

  1. Victoriano Hurta (1913-1914) (por Josefina MacGregor)
    1. Algunas consideraciones
    2. Militar capaz, pero rudo y de mano dura
    3. Huerta y los diputados: poderes encontrados
    4. Menos beligerantes, pero también los senadores hacían oposición
    5. A manera de conclusión
  2. Venustiano Carranza (1914-1920) (por Javier Garciadiego)
    1. De “Primer Jefe” a Presidente
    2. Los problemas militares
    3. Los retos políticos
    4. Los dilemas económicos y sociopolíticos
    5. País incómodo, revolución incómoda
    6. El rey viejo

¿Cómo explicar que Carranza hubiera manejado tan hábilmente su periodo rebelde y que, en cambio, haya tenido una presidencia tan errática, sobre todo tratándose de un político partidario de la vida institucional y legal?

Los problemas arrastrados a lo largo del periodo presidencial fueron determinantes en su caída. Si se piensa en los problemas militares debe recordarse que muchos rebeldes anticarrancistas se sumaron a la revuelta de Agua Prieta en 1920; debe recordarse que el jefe nato de dicha revuelta fue Álvaro Obregón, caudillo de buena parte de los miembros del ejército y a quien, precisamente Venustiano trató de neutralizar a largo de su presidencia. Si se piensa en los problemas socioeconómicos, resulta obvio que las reformas moderadas propuestas por Carranza terminaron por dejarlo solo, pues quedaban insatisfechas las clases populares y las clases propietarias aún estaban enfrentadas con los gobiernos posrevolucionarios. Por último, su política exterior lo enemistó fatalmente con Estados Unidos. Para 1920, Venustiano estaba aislado y debilitado.

Resulta evidente que Carranza no se preocupó por construir un sucesor factible, ni por construir un aparato político (partido) que hiciera posible el triunfo de dicho sucesor. Gobernar luego de la lucha y construir un Estado posrevolucionario sin la participación protagónica de muchos de los hombres que habían hecho la Revolución, fue su mayor error. Carranza creyó, prematura y equivocadamente, en la posibilidad de una transición a un gobierno civil. En cosa de dos meses, abril y mayo de 1920, la revuelta de Agua Prieta, movimiento que aglutinó a todos los ex revolucionarios, no sólo lo derrocó, sino que terminó por arrancarle la vida. ¿Cómo pudo terminar así el más experimentado político de toda la Revolución mexicana?

  1. Adolfo de la Huerta (junio 1920-noviembre 1920) (por Pedro Castro)
  2. Álvaro Obregón (1920-1928) (por Abdiel Oñate)
    1. La mano del caudillo

Obregón surge de la lucha armada como el arquitecto del triunfo militar del constitucionalismo -movimiento iniciado en 1913 por el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza- y como el único político con la capacidad de reconciliar los intereses de los diferentes grupos revolucionarios.

Madero, Huerta, Carranza -los otros personajes que le precedieron en el drama revolucionario- intentaron restablecer el funcionamiento del sistema político, pero no lo lograron. En cambio, los generales sonorenses -Obregón y Calles-, a pesar de no pertenecer al grupo dominante del centro de México, tuvieron un éxito sin precedente en la construcción de un Estado fuerte con autoridad nacional. Dicho Estado resultó ser el más estable en la historia moderna latinoamericana. Tuvo legitimidad, trajo estabilidad política por varios decenios y dirigió uno de los procesos de modernización económica más exitosos en América Latina.

Paradójicamente, uno de los aspectos del legado político de Obregón parece haber sido la parte más útil para los constructores del nuevo Estado de la Revolución, fue su muerte, sucedida en 1928. Calles primero y Cárdenas después se cubrieron con el manto obregonista y lo transformaron en ideología. Les permitió unificar a la nación, identificar héroes y villanos, y sirvió para consolidar el proyecto político de la Revolución.

Unas semanas después del magnicidio, Calles anunciaba el fin del caudillismo y el comienzo de una era de instituciones y de paz social, y delineaba planes para la formación de un gran partido, el PNR, que traería la añorada estabilidad política y terminaría por monopolizar el poder político en México por lo que restaba del siglo XX.

  1. Carisma y logros militares
  2. Capacidad para producir ventajas recíprocas
  3. Autoritarismo e ideología
  4. Los asuntos extranjeros
  5. Observaciones finales
  1. Plutarco Elías Calles (1924-1928) (por Georgette José Valenzuela)
    1. El candidato
    2. El gobierno del hombre fuerte
    3. Reforma Agraria Integral
    4. Política obrera
    5. Institucionalización del ejército
    6. Labor educativa y política social
    7. El gobierno callista y Estados Unidos
    8. El gobierno callista, la Iglesia Católica y los católicos mexicanos
    9. El gobierno callista y la reelección de Obregón

Emilio Portes Gil (1928-1930)

  1. Pascual Ortiz Rubio (1930-1932) (por Verónica Oikón Solano)

Abelardo Rodríguez (1932-1934)

  1. Lázaro Cárdenas (1934-1940) (por Alan Knight)
    1. Introducción
    2. Desarrollo
    3. Conclusión

El cambio político y económico siguió dándose dentro de los límites de una economía capitalista. El Plan Sexenal no era un programa para una economía planificada centralmente. El “estatismo” cardenista fue bastante moderado. El Estado era un pacificador y árbitro mediante.

Cárdenas y su gabinete nunca se plantearon cabalmente una economía dirigida, a modo soviético. La socialización completa de los medios de producción hubiera provocado una reacción más negativa entre la clase acaudalada de México, hubiera horrorizado a Estados Unidos y hubiera generado presiones insoportables sobre un sector público cuya pericia, eficiencia y probidad resultaban cuestionables.

En pocas palabras, la administración de Cárdenas fue genuinamente radical, dentro de los límites de una economía capitalista subdesarrollada, por la proximidad de Estados Unidos y por la indudable fuerza de los intereses conservadores en el propio México. Ninguna administración, ha logrado un radicalismo equivalente, hasta la restructuración neoliberal. Las reformas cardenistas, a pesar de todas sus fallas, eran progresivas en la medida en que confirieron poder y mejoraron la situación de la gran mayoría de mexicanos.

La figura y el nombre de Cárdenas se mantuvieron vivos aún después de la muerte del general en 1970, ejerciendo una importante influencia en la política mexicana: una influencia sustentada en las redes de política informales, en minas locales de lealtad y en un mito perdurable.

  1. Manuel Ávila Camacho (1940-1946) (por Rafael Loyola Díaz)
    1. Introducción
    2. Un gobierno de continuidad y de conexión
    3. La mejor tabla de salvación, la Segunda Guerra Mundial
    4. Saldo favorable del gobierno de conciliación revolucionaria
    5. A manera de conclusiones

El de Manuel Ávila Camacho se puede considerar como un gobierno bisagra entre el radicalismo revolucionario -del general Lázaro Cárdenas- y el conservadurismo modernizador -del licenciado Miguel Alemán-. En esta administración se concluyó el ciclo de las reformas y reivindicaciones sociales del cardenismo. Se sentaron las bases para la etapa desarrollista fundamentada en el proteccionismo y la conducción económica del Estado.

El escenario de la guerra mundial puede ser considerado como un bálsamo que ayudó a resolver los desajustes y las tensiones sociales y políticas existentes a finales del radicalismo revolucionario, permitiendo resolver el delicado diferendo internacional por la nacionalización del petróleo, recuperar la cordialidad de las relaciones con Estados Unidos, inyectar capital a la industria petrolera y restablecer el mercado para la exportación de crudo y otras materias primas.

  1. Miguel Alemán (1946-1952) (por María Antonia Ramírez)
    1. Las elecciones presidenciales de 1946
    2. El modelo económico del gobierno de Alemán

Aprobación en 1950 de la Ley de Atribuciones del Ejecutivo en Materia Económica como “una política económica adecuada para salvaguardar los intereses económicos de México y lograr una coordinación de la economía con el resto del mundo”. Con esa ley se pretendía contrarrestar las alzas excesivas de precios, la escasez de abastecimiento de materias primas para la industria y la de artículos destinados al consumo general. Se atribuía al Ejecutivo las funciones de: determinar por decreto las mercancías cuya producción o distribución quedaban como objeto de intervención oficial; establecer precios máximos, así como la congelación de precios; obligar a los productores de materias primas a producir para el mercado interno y que sólo pudieran exportar los excedentes.

El Estado se erigía como el orientador básico de la economía y la modernización económica del país. Las prácticas de industrialización mediante la sustitución de importaciones, iniciadas en México, vivieron a encontrar la justificación teórica de la que carecían con la elaboración de Prebisch y la CEPAL. Este modelo industrializador no manifestó sus limitaciones definitivas sino hasta 1980.

Supone una organización de la economía en la que el Estado a través su acción directa como inversionista y de su acción indirecta, a través de su política económica, viene a garantizar una estructura proteccionista y de estímulo a la industrialización como estrategia de crecimiento.

La política económica alemanista se orientó a proteger el mercado interno, a establecer bajas tasas impositivas, a crear infraestructura, a proveer de materias primas y servicios públicos baratos, así como invertir directamente en la producción de aquellas ramas de la industria que se consideraban indispensables y a otorgar mayor crédito a la industria.

  1. Las organizaciones patronales
  1. Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) (por Ariel Rodríguez Kuri)
    1. Tiempo y problemas
    2. Condiciones de posibilidad
    3. El tono de la vida política
    4. Conclusiones

Adolfo López Mateos (1958-1964)

  1. Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) (por Soledad Loaeza)
    1. Introducción
    2. El último presidente de la Revolución Mexicana
    3. Opciones limitadas y dilemas presidenciales
    4. Los tiempos difíciles de Gustavo Díaz
    5. Un presidente en la Guerra Fría. La política de Washington hacia América Latina
    6. La reorganización de la izquierda mexicana
    7. El tiempo de las advertencias
    8. La fatalidad del movimiento estudiantil de 1968. La sombra de Tlatelolco
    9. Conclusiones

Luis Echeverría Álvarez (1970-1976)

  1. José López Portillo (1976-1982) (por Germán Pérez Fernández del Castillo)
    1. Introducción
    2. La herencia
    3. El inicio
    4. La recuperación
    5. El auge
    6. La crisis
    7. Conclusión

Hasta los tiempos de José López Portillo, los gobiernos estuvieron convencidos de que el Estado debiera tener un papel protagónico en la promoción del desarrollo. Esta idea, apoyada masivamente por la sociedad, permitió una larga época de estabilidad.

Desde la década de los cuarenta, efectivamente el Estado fue promotor del desarrollo industrial, con un alto grado de intervención en la vida económica, en concordancia con la política de pleno empleo de la Escuela de Cambridge; pero las cosas cambiaron con las recurrentes crisis económicas en Europa y Estados Unidos. La llegada al poder de Margaret Thatcher y Ronald Reagan puso fin a una época caracterizada por la estatización y cambió el rumbo económico y político de Occidente. Este viraje significó la desaparición del Estado céntrico. A partir de la apertura del comercio y la internacionalización de los flujos financieros, el Estado ya no fue capaz de controlar variables económicas como sí lo había hecho en un mercado cerrado.

La batalla de José López Portillo por la rectoría económica del Estado estaba perdida. El cambio no sería fácil. Lo que finalmente estaba en juego era la ideología y el pacto social de la posrevolución, la política de masas, la alianza con los obreros y los campesinos. Adoptar el modelo correcto no fue sencillo para Miguel de la Madrid, quien por su inclinación hacia el liberalismo sufrió una dura escisión del PRI, ni para Salinas de Gortari, quien en 1994 pagó la factura modernizadora, ni tampoco para Ernesto Zedillo, quien, debido a sus políticas recesivas, fue finalmente derrotado con su partido en el año 2000.

  1. Miguel de la Madrid (1982-1988) (por José Francisco Parra)
    1. Introducción
    2. El camino
    3. Reformas económicas y cambio estructural
    4. Cambio político y conflicto social
    5. Asimetría y dependencia externa: la relación con Estados Unidos
    6. Conclusiones
  2. Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) (por Rob Aitken)
    1. Introducción
    2. Círculo político y estilo
    3. Recuperando el control
    4. La reforma económica
    5. Salinas triunfante
    6. La sucesión
    7. Caída
    8. Conclusiones
  3. Ernesto Zedillo (1994-2000) (por Rogelio Hernández Rodríguez)
    1. Introducción
    2. Los condicionamientos de un presidente
    3. Una élite en agotamiento
    4. El PRI: la conveniente distancia
    5. La renuncia a la autoridad
    6. Los saldos de una presidencia vacilante
  4. Las mujeres detrás de la silla presidencial mexicana en el siglo XX

5 expresidentes vivos: CSG, EZPL, VFQ, FCH, EPN

 

Mexicano, universitario y emprendedor que está en búsqueda de soluciones que, poco a poco, puedan mejorar el mundo. En mi blog comparto reflexiones, críticas y propuestas de lo que leo, veo y escucho.

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