Rescate del Estado

El Estado mexicano se encuentra secuestrado por una minoría. Ésta es la causa principal del desastre nacional. Existe una República aparente, simulada, falsa. Los poderes constitucionales, en los hechos, están confiscados por un grupo.

Por eso, la primera tarea del cambio verdadero es recuperar democráticamente al Estado y convertirlo en el promotor del desarrollo político, económico y social del país. El Estado no debe diluirse o subordinarse a las fuerzas del mercado con el pretexto de que es la única manera de crecer.

El Estado tiene que asumir su responsabilidad pública, económica y social. Su razón de ser es garantizar a todos los ciudadanos una vida digna y justa, con seguridad y bienestar. Su función básica es salvaguardar la soberanía y evitar que los pocos que tienen mucho se aprovechen y abusen de los muchos que tienen poco.

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El rescate del Estado debe llevarse a cabo de manera pacífica, legal y democrática. El nuevo gobierno democrático no se opone al sector privado; al contrario, reconoce a quienes con tenacidad y empeño invierten, generan empleos, obtienen ganancias lícitas y se comprometen con el desarrollo de México. No así a quienes amasan grandes fortunas apoyados en la ilegalidad, el influyentismo y a la sombra del poder público. La causa principal de la desigualdad social y económica son la corrupción y la riqueza mal habida.

Para sacar adelante al país se necesita de la participación de todos, de la acción coordinada entre el sector social, el sector público y el sector privado. Se trata de inaugurar una etapa nueva en la vida pública del país, con un gobierno que no esté subordinado a ningún grupo de intereses y que sólo tenga como mandante al pueblo de México.

El nuevo gobierno garantizará las libertades y cada quien podrá dedicarse a la actividad que más le satisfaga y convenga, ciñéndose a la nueva legalidad y a reglas claras; se podrán hacer negocios pero no habrá influyentismo, corrupción ni impunidad; el presupuesto será realmente público; se dará  preferencia a los pobres; se cuidarán los recursos naturales; la riqueza de la nación y los frutos del trabajo de los mexicanos se
distribuirán con justicia; y nunca más se permitirá que los privilegios de pocos se sustenten en la opresión, la inseguridad y la miseria de millones de mexicanos.

El nuevo gobierno tendrá una vocación democrática. Nunca incurrirá en imposiciones y respetará la división de los poderes Legislativo y Judicial. Se analizarán las llamadas reformas estructurales (laboral, educativa, fiscal, energética, entre otras) para definir cuáles pueden permanecer y cuáles no, por medio de una consulta pública, garantizando la libre expresión de la voluntad ciudadana y respetando la decisión de la mayoría.

Habrá absoluta libertad de expresión –como ordena la Constitución– y no se tolerará ni promoverá la censura abierta o encubierta de los medios y de los comunicadores; la propaganda gubernamental en medios de información no será tendenciosa ni demagógica; desaparecerán las trampas y el fraude: las autoridades electorales tendrán absoluta independencia para proceder con estricto apego a la Constitución y a las leyes. Nada ni nadie estará por encima de la voluntad soberana del pueblo.

El rescate del Estado implica la reconstrucción de la organización del territorio y del poder político, con la participación de los ciudadanos, para lograr la defensa efectiva de la vida, de las  personas y de los bienes comunes, proveyendo las condiciones necesarias para garantizar derechos humanos, individuales y sociales.

Corrupción

La honestidad puede ser la tabla de salvación de México. Es imprescindible convertir esta virtud  en inspiración y forma de vida de las instituciones. La honestidad es un tesoro, la riqueza enterrada. Extraerla del México profundo y revalorarla permitirá disponer de recursos económicos para el desarrollo.

La corrupción es la causa principal de la desigualdad y de la tragedia nacional que impera en México. La deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder ha
deteriorado la vida pública de México. Según datos de Transparencia Internacional, por más de dos décadas, México ha tenido en la corrupción un problema constante y sistémico. Eso lo confirma el Índice de Percepción de la Corrupción 2015, en el que México obtuvo una calificación de 35 puntos sobre 100 posibles.

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Todo lo hace un Estado de Bienestar puede lograrse en México si se destierra la corrupción, porque el país cuenta con muchos recursos y riquezas naturales y tiene un pueblo honrado y trabajador.

La honestidad es una virtud que forma parte del patrimonio moral del pueblo mexicano. En los pueblos del México profundo se conserva aún la herencia de la civilización mesoamericana, la vida comunitaria y existe una importante reserva de principios para regenerar la vida pública desde abajo. Simplemente se requiere de voluntad política para aprovechar las bondades de esta virtud, exaltarla entre todos para hacerla voluntad colectiva y, en consecuencia, sinónimo de buen gobierno.

Erradicar la corrupción depende, en gran medida, de la voluntad política y la capacidad de decisión del titular del Ejecutivo y de la autoridad moral de los gobernantes. Si el presidente es honesto, ese recto proceder tendrá que ser secundado por los demás servidores públicos. Si hay integridad en los servidores públicos y no predomina el contratismo voraz, el presupuesto, manejado con eficiencia y honradez, puede rendir mucho en beneficio de la sociedad.

En el nuevo gobierno no habrá impunidad. Se propondrá una reforma al artículo 108 de la Constitución para eliminar el fuero al presidente de la República para que pueda ser juzgado, al igual que otros altos funcionarios públicos, por el delito de corrupción.

Se establecerá la obligación legal y moral de publicar la declaración patrimonial, la declaración de intereses y la declaración fiscal de todos los servidores públicos. Además, se definirán procedimientos de participación ciudadana en el combate a la corrupción.

Se convocará a la sociedad en su conjunto a fortalecer los hábitos de la honestidad y velar por el bien común, pues hacer realidad estos ideales depende, en mucho, de involucrar a todas las mexicanas y a todos los mexicanos.

Austeridad Republicana

El magro desarrollo económico del país no se debe a la falta de presupuesto; ésa es una idea equivocada. Las finanzas y la riqueza pública de México, aún con el progresivo deterioro padecido durante los sexenios anteriores, siguen siendo cuantiosas e importantes.

El Estado debe asumir su función de promotor del desarrollo sin asfixiar la iniciativa de la sociedad civil ni obstaculizar la participación conjunta de los sectores público, privado y social.

El presupuesto autorizado por la Cámara de Diputados, para 2018, será de 5.272 billones de pesos. Sin embargo, una cantidad importante de éste no está encaminada a promover el desarrollo ni el bienestar social. De igual modo, otra suma considerable se destina a mantener una onerosa estructura burocrática que es necesario reducir. Además, la Secretaría de Hacienda modifica el presupuesto sin rendir cuentas a nadie.

Existen datos suficientes y contundentes para sostener que erradicar la corrupción en el gobierno nos permitirá ahorrar hasta 10 por ciento del Presupuesto Público, es decir, 500
mil millones de pesos. En este contexto, la austeridad no sólo es un asunto administrativo sino de principios.

No debe haber gobierno rico con pueblo pobre.

La aplicación de una política de austeridad permitirá, junto con el combate a la corrupción, contar con un presupuesto suficiente para promover el desarrollo, la producción y el empleo para, de esta manera, garantizar el bienestar de todos. Con esta estrategia no habrá necesidad de aumentar impuestos en términos reales ni de crear nuevas contribuciones, demostrando así que sí es posible invertir sin recurrir al endeudamiento.

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Mexicano, universitario y emprendedor que está en búsqueda de soluciones que, poco a poco, puedan mejorar el mundo. En mi blog comparto reflexiones, críticas y propuestas de lo que leo, veo y escucho.

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